Pincho Moruno

Pincho Moruno

Un día caluroso de Septiembre estaba yo en la casa del pueblo haciéndome el desayuno cuando me di cuenta que no había tomates para el bocata, dirigiéndome al huerto de la casa a por un tomate con la actitud más positiva y feliz del mundo. Al llegar a las tomateras, al primer instante vi un tomate en lo bajo de la primera tomatera, un tomate rojo, jugoso, era el éxtasis que faltaba a esa maravillosa mañana. Procedo a agacharme para coger el fruto cuando como si de un disparo se tratase, me empalan con una caña (típica de las tomateras) cortada que sujetaba el cartel con el nombre del tipo de tomate. Me bayoneteó hasta lo más profundo de mi ser. Lo peor fue ir solo al médico con el culo sangrando y que no pareciera nada sexual raro. El primer médico que entró se tuvo que ir porque se partía en mi cara.

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